17 junio 2010

encajar en el olvido.

En un puzzle, no puedo colocar una pieza en un sitio incorrecto, que no encaje, porque sino destruyo el puzzle, y nada sirve de nada. Ese puzzle, es ahora mi corazón. Sucede lo mismo. Aunque lo intente con todas mis fuerzas, no puedo hacer encajar en mi interior a alguien que no es correspondido. Solo hay una pieza, una gran e insólita pieza, que cabe en el agujero. Pero, ¿y si me han robado esa pieza? Ya no puedo completar el puzzle, y queda para siempre incompleto, y siempre recordaré que falta una pieza, y ésa es la pieza más importante. ¡Que duro es el olvido! Pero más duro es no poder olvidar.


No poder pensar en otra cosa, tener la cabeza sumergida en ello y ver pasar como un cortometraje a cámara lenta, los recuerdos vividos, una y otra, y otra vez. Y hoy, aquí, yo; me pregunto: ¿Habrá remedio para eso? ¿Algún día, en el futuro, algún científico descubrirá una vacuna? No lo creo, pero si creo que la intermitente lucha entre ciencia y sentimiento, acabará. Y sabremos el ganador. ¿Apuestas?

Odio, amor...sentimientos dispares




-Claro, claro que querría odiarte, odiarte con todas mis fuerzas, e incluso a veces, cuando nos peleamos, pienso que te odio, pero vuelvo a mirarte y…-las palabras quedaron en el aire. El muchacho seguía con los ojos fijos en ella, llameantes como el fuego.


-Sé que no puedes odiarme, yo a ti tampoco, pero tampoco puedo permitirme quererte.- Replicó la muchacha, sin poder mirarle. Notó como él se acercaba, taciturnamente. Estaban lo bastante cerca el uno del otro como para que Gaby pudiera sentir su aliento, y el calor de su cuerpo.

-¿Por qué no puedes?- preguntó Adam, con voz queda.

-No lo entiendes…-empezó a decir ella.

-Lo único que entiendo- le cortó él- es que siento por ti algo que nunca antes he sentido, algo desconocido, nuevo, y si los dos sentimos lo mismo…

-Yo no siento nada por ti.- afirmó la muchacha, no muy segura de sus palabras, y sabiendo que cada una de ellas era una sucia blasfemia.

-Mientes.- volvió a musitar Adam, esta vez con tono enojado.

-¿Por qué no me crees?- Adam la miró de arriba abajo, suspiró, y se pasó la mano por sus dorados cabellos. Estaba muy cansado, después de aquel día tan agotador. Gaby era hermosa, aunque ella no lo sabía. Uno de sus rizos negros, le caía por la frente, y con mucho esfuerzo, retuvo el impulso de apartárselo, y colocarlo en su sitio. ¿Qué le estaba pasando? Normalmente tendían a atraerle las chicas, pero no de esa forma. Esto iba mucho más allá de la pura atracción.

-Porque no me estás diciendo la verdad.- dijo él, al fin.

12 junio 2010

Frenesi


Confusión, perdición, abatimiento, desesperación. Explosión. Todo se torna oscuro, sin una luz que apacigüe el dolor. La sangre de la herida interior de tu cuerpo brolla por tu boca, por tu pecho, y por tu nariz. El rojo de la sangre, del fuego, cubre interiormente tu cuerpo, ¿deseo o atracción? ¿O algo aún mayor? Un juguete desgastado y despellejado, unos brazos que lo abrazan y lo besan y un ardor que lo quema. Una pesadilla repleta de crueles seres bañados en sangre, con alas cortas y feroces miradas.


Una tortura interminable que te sube la bilis hasta la garganta. Una visión terrorífica de infatigable rencor sufrido. Un monstruo chupasangre que arranca de cuajo tu cabeza, y durante los siguientes segundos cuando la muerte te esta buscando entre los miles de cadáveres de la morgue, se nutre de tu dulce miel. El desengaño de algo perdido, de algo que ha sido abandonado, se retrae para expulsarte y cumplir su placentera venganza.
El rudo sonido de una guitarra desafinada que marca el silencio en una desnuda habitación, el grito desgarrante de una alma en pena con un cuchillo en mano.
La dura lucha de dos cuerpos infinitamente culpables de pecado. El dulce fruto del sufrimiento naciendo y reencarnándose en amargas palabras. Y sigue la confusión.