03 enero 2012

Reseña: Temblor


 Empezamos el día con la reseña de Temblor, primer libro de la saga Los lobos de Mercy Falls, escritos por  Maggie Stiefvater.
Sinopsis:
Cuando el amor te hace temblar en otoño es mejor que el invierno no llegue nunca: las primeras nevadas pueden arrebatarte a quien más deseas.
Hace años Grace estuvo a punto de morir devorada por una manada de lobos. Inexplicablemente, uno de ellos, un lobo de intensos ojos amarillos, la salvó. Desde entonces todos los inviernos Grace se asoma al bosque y, desde la distancia, lobo y chica se observan.
Cuando llega el calor, la manada desaparece y, con ella, “su lobo”. Pero este año, Grace deseará que el invierno no llegue y que el otoño dure para siempre. Ha conocido a un chico, se llama Sam. Es un tipo normal, salvo por sus ojos.
Son de un extraño color amarillo.
                             
                                            

           Opinión personal:
Bueno, bueno…siempre que reseño un libro intento sacar todo lo bueno que tiene para que la gente se enganche y lo lea, pero la verdad es que con este libro me cuesta más.
Al leer la sinopsis no es difícil adivinar la trama del libro. Lobos, chico misterioso, chica indefensa…Vamos, lo de siempre.
Y no es que el libro esté mal, simplemente me parece demasiado previsible. Mientras lo leía, esperaba ver algún cambio súbito e inesperado de la trama, pero no apareció.
El personaje de Alex no me encandiló tanto como suponía que lo haría, pero por supuesto,  esto es una opinión personal, y de verdad deseo que penséis lo contrario que yo.
Puedo alagar a Maggie por la elegancia con la que describe algunos momentos, tan dulces que hacen que tu corazón se derrita como el chocolate. Así que si os gustan las historias románticas rosas y dulces, Temblor es vuestro libro.
Los dos libros siguientes son: Rastro y Siempre.

02 enero 2012

Reseña: Divergente

Como dice el conocido refrán...¡Año nuevo, vida nueva libros nuevos! Y este 1012 viene cargado de sorpresas. Solo con decir que es el año del estreno de la película de Los Juegos del Hambre...


En todo caso, una servidora ya ha recibido y leído sus primeros libros del año, y el primero que reseñaré es Divergente, de Veronica Roth.
Hace tiempo que quería poner mis manos encima de este libro con una portada tan requetechula, y Papá noel me ayudó con eso.
Lo leí en dos días. Las 460 paginas.
Y simplemente lo adoré.


Una elección.
Una elección que delimita quiénes son tus amigos.
Una elección que define tus creencias.
Una elección que determina tus lealtades para siempre.
Una sola elección puede transformarte.











Opinión personal:


Primero Tris, una chica que siente que no está en el lugar correcto, y que puede tomar la decisión que cambiará su vida para siempre. Creo que todas nos identificamos con ella. Pero lo que más me gusta de ella es su fuerza de voluntad, su carácter tan Abnegado y Osado a la vez. Tan...divergente. En fin, no voy a dar más spoilers.


Y por supuesto, Cuatro, el irresistible Cuatro. Humano y realista, sobretodo realista.  El chico duro, el fruto prohibido...en definitiva, Cuatro.


No voy a revelar nada sobre los otros personajes, pues creo que es mejor que cada uno los descubra por si mismo.
La trama del libro es buena, con algunos giros inesperados y finales de capítulos que te dejan sin aliento. Lo único que he notado son algunos parecidos con los juegos del hambre , pero claro, eso es algo muy subjetivo y personal, así que no le deis mayor importancia de la necesaria.
Si te gustan los mundos distópicos y los romances naturales, sin vampiros ni hombres lobo por en medio, Divergente es una opción muy viable.




10 octubre 2011

vuelves a verte


Las cosas pasan por una razón. Podríamos atribuirlo al karma, a la fe o al destino. Pero sea como sea, todo tiene un significado y una razón de ser. Nacemos de una forma, pero todos somos relativamente iguales. De pequeños, sin haber desarrollado nuestras capacidades y nuestras mentes. Poco a poco forjamos una personalidad, una forma de ser y de pensar, un camino por el que queremos avanzar. Podemos encontrarnos con algún que otro cruce, con alguna roca que nos dificulte el camino, o con alguna noche helada, pero al final. siempre podemos perseguir nuestro destino, sea el que sea, y decidir que queremos hacer con él.
Pensaremos que no podemos, que las cosas se han retorcido de una manera tan poco interpretable que nada tiene un sentido real para nosotros. Viviremos con miedos interiores enmarañados por intención de superación. Intentaremos olvidarnos de las cosas malas y los peores momentos, incluso algunos, los ahogarán momentáneamente con el vodka y un piti vespertino. Otros se lanzarán a la piscina e intentarán no ahogarse.
Algunos muchos buscarán remedio en el sexo de una noche, y los pocos vencedores, optarán por afrontar la realidad. Una realidad que puede resultar-nos desoladora y dura, y nos encontraremos en un callejón oscuro esperando a que llegue un  vagabundo y borracho encapuchado para luchar cuerpo a cuerpo con él y sentir que tenemos el poder, el dominio de nuestras vidas.
¿Cuantas noches pasaremos en vela mirando las estrellas y esperando una absurda señal astro estelar? ¿Cuantos amores consumados febrilmente pedirán perdón a un pobre corazón roto?
Inocuas respuestas a un enfurecido león macho que peligra con atacar.
Como todos nosotros, Lisa Iwran se despierta la mañana del martes trece de noviembre, mira hacia el cielo, y ve como un grupo de aves rezagadas emigran hacia países cálidos.
Tiene que preparar el café, meterse en la ducha, cojer el metro sentada junto al extraño señor con la barba gris y que lee un libro de cuentos, y llegar al trabajo.
Pero algo sucede ese día. Lisa no quiere ir a trabajar. No quiere preparar el café, y no quiere sentarse al lado del hombre que lee cuentos.
Y así como lo piensa, lo hace. En vez de café, se toma un zumo de naranjas exprimidas, en vez de ducharse, se lava la cara y se peina, y en vez de sentarse al lado el barbudo, se sienta al lado de unos chicos que chaporrotean unas notas mientras tocan la guitarra.
Su vida es la misma, pero algo ha cambiado.
Las aves le han mostrado un camino, y ella ha decidido arriesgarse y apostar por él. Por que, al fin y al cabo, las cosas pasan por una razón.


29 septiembre 2011

“If I’m not here”





If you feel alone
If you think that’s all
If you say you fall down
Look around the sky,
Stop thinking for a moment
Find some beauty stars
And think I’m in to one
With you, forever…

Night is come and day
Is becoming at dark
But there is one light In the sky, it’s me.

Trust me like ever
I love you forever
And I’m never go away.

Without the hope
Nothing it’s enough
Only you have to remember
Our memories better
Even I’m not here
You can pray for me and you
Cause my princess I love you.

The rain will grow the flowers
The rainbow will be shine you, forever…
Night is come and day
Is becoming at dark
But there is one light in the sky, it’s me.

Trust me like ever
I love you forever
And I’m never go away.


By Mery.

20 septiembre 2011

Atardecer en Brooklyn

Me abracé el cuerpo con las mangas de mi jersey de lana rosa. El cielo oscurecía en Nueva York. Un azul casi eléctrico predecía tormenta. Aceleré el paso. A mí alrededor, todo parecía ir a cámara lenta. La gente, los coches, las luces de las grandes pantallas publicitarias…Una visión distorsionada de la realidad. Y en el centro estaba yo. No podía dejar de pensar en cómo Jared se había despedido de mí. Con un simple beso en la mejilla. ¿Eso es todo lo que significaba para él? Un estúpido beso en la mejilla. Pensaba, y tal vez era ingenua por hacerlo, que después de todo lo que habíamos pasado, éramos algo más. Los chicos son tan idiotas…
Tenía que llegar a casa rápido. Mi madre me mataría. En teoría, tenía que llegar a las diez, y eran las once. Pero había valido la pena, pensé. Pasar ese rato con Jared, pasar el rato que fuera, donde fuera y como fuera. Lo quería. Sentía ese cosquilleo ridículo en el estomago, el que describían todos esos libros que leía cada noche en la cama.
Al fin divisé los altos y viejos edificios de Brooklyn. Olí el fuerte olor a neón y carbón de la carretera, mezclado con un extraño olor a comida italiana. Era un olor muy extraño. Pero era mi olor. Amaba Brooklyn. Sus calles estrechas, sus edificios marrones y estropeados, ese aura mágico de arte, de creatividad…
Entrar en Brooklyn, era como sentirme en casa. Conocía todas las calles, los callejones y los rincones escondidos. Era para mí la pequeña ciudad- dentro de Nueva York- donde el arte era el aire que se respiraba. Un grupo de chicos bailaban una especie de hip-hop, con una estridente música proveniente de sus móviles. Al otro lado de la calle, bajo el edificio donde vivía George Flint, un pintor bohemio, se encontraba el mejor restaurante italiano de Nueva York, y según mi humilde opinión de experta en gastronomía italiana, del mundo.
Con un ambiente cálido, Rafael Giotto, preparaba los mejores espaguetis a la boloñesa.
Y, dos calles mas adelante, en un edificio de tachuelas rojas, con una escalera de incendios medio rota, estaba mi casa.
Vivía en el tercer piso. Desde la acera, vislumbré una pequeña luz proveniente de la ventana de la habitación de mis padres. Estaban en casa. Y yo también.