16 noviembre 2013

La vida de las Mariposas ( hair & nails )

Nada como un buen té de Dinamarca de membrillo y jazmín preparado al estilo japonés, una vela con aroma a vainilla y un día de lluvia para crear. En general, crear. La palabra en sí ya es preciosa. Crear...suena suave y deslizante en nuestra boca...Crear un mundo, o un instante. Un momento, o una vida.
Y nacer, convertirse en una mariposa, salir del capullo de nuestra infancia, dar los primeros pasos hacia el imparable destino incierto. Qué desesperación, qué estrés, vivir emociona, pero también conmociona...Y caemos y caemos por precipicios sin acolchar, escalamos hasta desangrarnos las manos, hasta agujerearnos los calcetines y magullarnos los pies. Algunas veces volamos, pero bien a ras del suelo, sólo por si acaso. O si no, bien cerca del agua, porque hemos aprendido a bucear entre problemas y soluciones de colores y tamaños distintos, como los corales...
Y al final, agachamos la cabeza y nos encontramos con la mirada sumergida en un té de Dinamarca de membrillo y jazmín preparado al estilo japonés, creando poesía...Poesía.




 
 


El peinado de hoy es un sencillo moño/ coleta de andar por casa- como yo lo llamo-, con un lacito barroco del que me enamoré el otro día. No es nada extravagante, pero sí muy cómodo y rápido para las que como yo nos entretenemos con el café y las magdalenas y no nos da tiempo de crear gran cosa por las mañanas.

 
 
 
Y las uñas plateadas son también muy sencillas - no he podido ir al nails salon estos días...- simplemente llevan una capa de pintauñas blanco Astor para manicura francesa, y dos capas de purpurina azul de Clarie's. ¡Y este es el resultado final! Unas uñas futurísticas- para ir a juego con los EMA's-. ( Pasando por alto mi manía fea, fea de morderme la uñas y que mis dedos parecen los de Ete ).
 
                                                                         ***
 
 
  Nothing like a  Denmark good quince and jasmine tea  prepared in the Japanese way, a vanilla -scented candle, and a rainy day to create . In general , to create. The word itself is beautiful . Create ... sounds smoothy and slippery in our mouth ... Create a world , or an instant . One moment , or a lifetime .And then we born , becoming a butterfly out of the cocoon of our childhood ,  we do the first steps towards the unstoppable and uncertain destiny. What a despair , what a stress, life is emotional , but also conmotional ... And we fall and fall down abysses without quilting, we climb to bleed to death  our hands until  we pierce our socks. Sometimes we fly, but well- storey , just in case . Or, right near the water, because we have learned to dive between problems and solutions of different colors and sizes , such as corals ...And finally,we duck our heads and  we met our gaze dipped in a Denmark quince and jasmine   tea prepared in the Japanese way , creating poetry ... Poetry.
 
 My today's hairstyle is a simple topknot / ponytail homespun- as I call it -,with  a Baroque little bow I fell in love  for the other day. It's nothing extravagant, but very comfortable and fast to do, specially for those ones that like me entertain themselves with coffee and cupcakes without giving us much time to create something great in the morning.
 
And  the silver nails are also very easy - I couldn't go to the nail salon these days ... -  so, simply take a layer of white nail polish  for French manicure  from Astor; and two layers of blue glitter  from Clarie's. And this is the final result! A futuristic nails, - to combine with the EMA's-.  (Ignoring my ugly, ugly craze  to bite my nails and that my fingers look like those ones of Ete).



                                                                         ♥
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

14 noviembre 2013

What I Wear Today

Como dice la gente sabia, es bueno para crecer personalmente explorar nuevos horizontes, así que tomando la iniciativa en algo a lo que no estoy nada acostumbrada, he decidido expandir mi horizonte y al mismo tiempo, este rinconcito de cielo. Así pues, he decidido probar con algo que siempre me ha gustado mucho, aunque alguna vez no lo haya reflejado demasiado: la moda. Sí, puede parecer raro, e incluso increíble, pero estoy dispuesta a intentarlo, y aunque esto sea un poco una locura, pues no soy ni mucho menos una experta en vogue - simplemente una apasionada aprendiente de artista - creo que algo podré sacar de esta experiencia, valorar mi autoestima; y citando al sombrerero de Alicia en el país de las Maravillas- o el guión de Johnny Depp, no estoy del todo segura- os diré un secreto: Sí, estoy loca, pero las mejores personas lo están.
Por otro lado, como ya he dicho, considérome a mi misma - que cultas suenan estas formas verbales, ¿verdad Dulcinea?- una aprendiz de artista, y realmente pienso que la moda es también una forma de arte, y que aunque suene a topicazo, lo que uno lleva lo define con bastante exactitud. A no ser que sea carnaval, claro. De todos modos, yo sé lo que soy y cómo soy, y por supuesto no soy una modelo de Victoria's Secret o de Vanity Fair, y lo acepto, pero eso no quiere decir que no me sienta orgullosa de mi cuerpo. Lo estoy, y de alguna manera sé que esto me va a ayudar a creérmelo, y a sentirme mejor. Por lo tanto, ya no es sólo una cuestión de gustos, sino de aprendizaje personal, de soltarme un poco más y de contribuir a la campaña de Pantene, valorándome a mí misma.
Dicho esto, doy por concluida esta especie de introducción, y voy al tema principal.
Esta mañana al levantarme me he sentido algo nostálgica, pensando en los años de colegio, y todo lo que viví. Sobretodo me gusta pensar en lo bueno, lo malo intento borrarlo de mi tête para evitar amargarme. Pues bien, he abierto el armario y rápidamente he visualizado las prendas que me quería poner. Raro en mí, casi preocupante, no me ha costado nada decidirme. Y este es el resultado final:






                                                           
 Camisa de cuadros oversize - Stradivarius
Skinny jeans - Topshop
Chaqueta de cuero - Mango
Sombrero - H&M
 
 
En realidad esto asusta bastante, pero todo al empezar asusta, los cambios dan miedo, lo nuevo aterroriza, pero por experiencia sé que luego la mayoría de veces vale la pena. ¿Será esta una de esas veces? ♥

 

12 noviembre 2013

Un paseo por Lyon

Lyon, según apuntan las guías turísticas, es capital mundial de la comida, así que no es de extrañar que una servidora aprovechase que su primo vive allí para escaparse un fin de semana y comprobar si esa afirmación es cierta o no. Y os diré un secreto: no lo es. No, no es la capital mundial de la comida, pero sin embargo, no me arrepiento para nada de haber ido a comprobarlo. Porque me he encontrado con algo mejor que la comida. Una ciudad cosmopolita que esconde tanto bellos rincones artísticos y muy apetecibles, como grandes avenidas con aires parisinos y sus respectivas boutiques de vogue y beau.

Es curioso, pero no un caso aislado, que la capital de un país se coma todo el turismo del mismo. Pasa con París, con Londres, con Dublín...Y es una pena, porque aunque las capitales por alguna razón lo son, esconden a otros lugares magníficos que hay que descubrir con paciencia y ganas. Y Lyon es uno de esos lugares. Comparte ese aroma francés inconfundible, a queso gruyere, o a eau de Cacharel, o una mezcla de ambos, lo que, ahora que lo pienso, no debe ser nada exquisito; con un sabor único y particular, tradicional y rompedor, con catedrales y edificios públicos de arquitectura gótica, establecimientos y restaurants más bohemios, y novedosas esculturas y arquitecturas urbanas más irreverentes en cuanto a lo tradicional.



Infinitos paseos por el borde del río Rhône, o por el zoo ( ¡gratis!) de Lyon complementan la subida en funicular a la catedral de Saint Jean, las impresionantes vistas de toda la ciudad des del mirador, el viaje en el tiempo al bajar por las gradas del teatro romano, y algo que descubrí allí, caminar por las calles en las que se rodó la película Le Parfum, adaptación del libro de  Patrick Süskind. Y en cuanto a esto último, al saber que había estado grabada allí, decidí investigar y encontré en el barrio del Veux-Lyon un pequeño museo de Cine y Miniaturas, y para allí que me fui directa. Resultó que en ese modesto edificio antiguo de piedra marrón entre un salón de té y una tienda de pósteres de cine se encontraban reunidas una gran cantidad de escenografías y objetos originales no sólo de El Perfume, sino de muchas otras obras del cine, desde Los Tres Mosqueteros hasta Spiderman, sin olvidar obviamente, Harry Potter. Un gran tesoro escondido sobre los baldaquines de unas calles misteriosas que esconden sin hablar pecados cometidos detrás de las puertas que abren pasadizos secretos, de tratos y triquiñuelas de siglos pasados.

 


                        






Un viaje del que me llevo muchas sorpresas y muchos recuerdos, y que me ha servido para escapar de la rutina de la Universidad y del absorbente mundo que nos envuelve y nos atrapa...y que a veces, simplemente, es necesario olvidar durante unos días.  














12 octubre 2013

La llegada


-¿Cuanto tiempo me queda en este paraíso?- es lo que me pregunté la primera vez que entré en Abendlied. Abendlied, así es como he bautizado este lugar. Significa canción del crepúsculo en alemán. Abendlied está repleto de secretos, secretos ocultos bajo los cimientos de las pequeñas  y cucas casas, bajo las raíces de los sauces llorones que rodean la plaza mayor, bajo el agua cristalina que fluye pausadamente por el río. Pero también está lleno de verdades, verdades como catedrales, verdades espesas y claras como la nieve virgen que cae en invierno y cubre los tejados de pizarra de las casas pequeñas y cucas.
Verdades y secretos que se mezclan sin encontrarse jamás en Abendlied, este minúsculo y a la vez interminable oasis.
Todo aquí es distinto. Muy distinto a lo que sería cualquier otro lugar. Aquí el mundo funciona de forma distinta. ¿Mejor? ¿Peor? No me lo he planteado aún. No tengo mucho tiempo para plantearme nada en Abendlied. El tiempo pasa demasiado rápido, los acontecimientos se mezclan con las acciones y los pensamientos sin un orden cronológico claro y distinto. Claro y distinto, que diría Descartes, Abendlied no es ninguna evidencia, señor filósofo. Pero sí hay filosofía, por lo contrario. Una filosofía que yo tildaría de intrépida y pícara. Pícara como el Lazarillo de Tormes.
Oh, olvido contar quién vive en Abendlied, pero supongo que ya lo habréis imaginado: los abendlianos y abendlianas. Son tan pintorescos y fabulosos, que parecen extraídos de una colección de Pierre-Auguste Renoir.
Untitled
Los niños juegan en la plaza mayor, junto a la fuente en forma de nenúfar, con pequeños duendes de caramelo. Juegan a perseguirlos, y cuando los pillan, los lamen para saborear el dulce sabor de su pequeño cuerpecito, y los duendes, riendo a carcajadas por las cosquillas que les produce el roce de la lengua de los niños, se escapan volando. Y vuelta a empezar. Pero no todo el día es para jugar. También van a la escuela, pero de eso no sé mucho más, como ya he dicho, no hay tiempo para plantearse esas cosas. Los ancianos del pueblo, por otro lado, se dedican a hilar algodón de azúcar. Hilar, hilar y hilar, eso es lo que hacen. Y mientras tanto, entre hilo e hilo de algodón de azúcar hilado, entonan canciones misteriosas e imposibles de memorizar. ¿Qué hacen de tanto algodón de azúcar? Eso sí lo sé. Lo descubrí la quinta vez que entré en Abendlied. Mientras observaba como unos ancianos cargaban montones de algodón de azúcar de diferentes colores, y duendecillo de caramelo se posó sonriente sobre mi hombro izquierdo. Yo le sonreí, y él con su fina y aguda voz me pidió que lo siguiera. Yo así lo hice, con la curiosidad comiéndome por dentro. El duende me condujo por un verde prado lleno de suaves plumas de colores que me hacían tremendas cosquillas al caminar. No podía contener la risa, y el duende me indicó posando su minúsculo dedo de caramelo entre sus labios que callara, y que me aguantara la risa. Lo intenté, y lo conseguí. Al fin llegamos delante de un gran molino de madera que en vez de funcionar con agua, como funciona cualquier molino, funcionaba con algodón de azúcar. Y allí estaban los ancianos hiladores que había visto yo transportar el algodón de azúcar.
Lights and roses-¿Qué hacen con todo ese algodón de azúcar hilado y ese molino?- pregunté en voz baja al duendecillo.
-Lo hacen todo. El algodón de azúcar es nuestra fuente de vida. Sin este algodón hilado y el molino, nada existe.
-¿Y de dónde sacan todo el azúcar?
El duende me miró socarrón.- Es un secreto.
Así es Abendlied, un paraíso de secretos y verdades edulcorados.

01 mayo 2013

Rescatando barcos hundidos


Hace ya unos cuantos años, más de los que podáis imaginar- para poner una fecha,  alrededor de 1920- un señor irlandés amante de la cerveza y de la música tradicional, algo greñudo y duro de pelar, llamado Hank Westoning encontró mientras caminaba por la calle un pequeño pajarillo de los que se rezagan siempre que tienen que emigrar y se pierden solos. Hank lo encontró en el suelo, con una alita rota, desvalido y herido. Los agudos  oídos de Hank oyeron como el pajarillo profería un ruidito desesperado. Quería volar, volver con su bandada de pájaros hacia el calor, y alejarse del gélido frío de los países bajos. Diríase que el hombre irlandés podía comprender al animalillo, pues con minucioso cuidado lo recogió del frío y duro suelo y lo achuchó entre sus grandes y arrugadas manos. Lo llevó hasta su casa, perseguido por un deseo inconsciente de protegerlo, de salvaguardarlo de los peligros que acechaban en la calle. ¿Y si venía un depredador y se lo zampaba? Las calles estaban repletas de perros malolientes y abandonados por sus amos que jugaban con cualquier cosa que encontraran. Y un pajarillo era carne de cañón, nunca mejor dicho. La cuestión es que Hank lo cuidó como si de una persona se tratara. Eso sí, una persona pequeñita y que no sabe hablar. Un Umpa-lumpa, por ejemplo. El pajarillo se fue recuperando gracias a los cuidados de nuestro amigo irlandés, y en cuestión de semanas ya volaba por el salón de Hank, haciendo piruetas, y movimientos giratorios que ponían a Hank de muy buen humor. Un día, era miércoles, un soleado y bonito miércoles de abril, el hombre encontró a Piddy- así es como apodó al animalillo- en el alféizar de la ventana, golpeando con su pequeñito pico el cristal. Hank lo observó con el rostro triste unos instantes, con el rostro de quien ha perdido el regalo de reyes, y tras pensarlo muy bien, decidió que debía dejar que Piddy se marchara. Él quería volar, ser libre, volver con su bandada de pájaros y recorrer el mundo desde las alturas. Así que lentamente abrió la ventana y el pajarillo salió volando, sin mirar atrás, hacia un cielo cubierto por espumosas nubes blancas de formas dispares.

Muchas veces, cuando encontramos a alguien que nos comprende, y al que comprendemos, lo agarramos con tanto vigor y firmeza que no nos damos cuenta de que no puede respirar. Y duele, duele dejarlo marchar, dejar que vuele, porque eso significa que nosotros también debemos volar, dejar el nido y nuestros miedos atrás y enfrentarnos a un cielo incierto y desconocido que no sabemos lo que nos deparará. Pero aun así, debemos hacerlo. Volar, y dejar que los otros vuelen también.

Hoy yo rescato este rincón de memorias olvidadas que se hundió hace meses...Y algún día, también lo djaré volar, pero para eso aún falta mucho tiempo...