16 marzo 2011

luz (Parte II)




Hay cosas en la vida que es mejor no ver. Cosas de las que te arrepientes. Esta no. Verlo en esa cama, inconsciente, como un ángel durmiente, dolió. Pero no me arrepiento de haber abierto la puerta. Porque aún con un ojo morado, una cicatriz atravesándole la mejilla izquierda, con montones de cables de colores por el cuerpo y mas vendas que la momia Tutankamón, seguía siendo él,  y seguía siendo perfecto.
Seguí avanzando hacia la cama, sintiéndome pesada, como si llevara a rastras una roca por el suelo.
Pero al mismo tiempo, mi cuerpo se sentía atraído hacia delante, ansioso por  tocar su rostro, por mantener un leve contacto con su piel, y que eso provocase el leve corriente eléctrico que recorría mi cuerpo siempre que me tocaba, y que ahora notaba en falta.
Al verle más de cerca, un pequeño engranaje de alguna parte de mi cuerpo se desencajó. Permanecía con los ojos cerrados, y yo necesitaba recorrer sus familiares ojos azules, sentir esa paz, esa tranquilidad y esa pureza que me transmitían.
Eso quedó compensado cuando acaricié su rostro levemente, como alas de mariposa acarician una flor.
Solo con ese contacto, solo con saber que él estaba ahí yo podía estar bien. Claro que, si, estaba ahí físicamente, pero su mente vagaba lejos  de allí.

Los días siguientes los recuerdo  difusos,  como uno de esos días de niebla en que no puedes ver más que lo que tienes justo en frente. Y yo tenía al amor de mi vida, inconsciente, sumido en un sueño feroz.
Iba y venía del hospital, solo lo dejaba por petición de Carlos –sinceramente, era obligación- ya que por mi me hubiese quedado en el hospital las veinti- cuatro horas.
Tampoco es que en casa hiciese mucho. Conseguía dormir una o dos horas seguidas, pero siempre me despertaba abruptamente con una sensación amarga en el pecho y en la garganta.
-Alicia- dijo Carlos de repente.- Mira, tengo que decirte algo.
Eso me asustó. Ambos estábamos sentados en el sofá de piel negro del salón. Eran las dos de la mañana, ninguno podía dormir, y aunque de fondo se oía la televisión, ninguno de los dos parecía tener mucho interés en ella, ya que la tele tienda no es lo nuestro.
-Eh…no sé muy bien como decir esto…Verás, el médico que ha aconsejado que te comente esto…-MÉDICO. Eso me puso con los nervios a flor de piel. Carlos parecía estar buscando la forma de explicarse.
-Carlos, prefiero que lo sueltes de una vez.
Él me miró, preocupado. Conocía esa mirada- de hecho todas sus miradas- y no me tranquilizaba para nada. Suspiró, y habló.
-Alicia, puede que él no despierte.

To be continued...

12 marzo 2011

luz


Durante los últimos escasos segundos, pude percibir el ruido de su corazón. Un ritmo rápido, con subidas y bajadas irregulares, un sonido alarmante, y tranquilizador a la vez. Estaba vivo.

Cuando desperté, en esa cama con sábanas blancas, con un tubo enganchado a mi brazo y con una sensación de malestar en el cuerpo, reconocí rápidamente el lugar.Esas cortinas verdes, y esa butaca azul con un tapiz de rayas no podía ser obra de nadie mas que de un decorador de hospitales. Y lo sabía porque había pasado parte de mi vida en ellos, en los hospitales, quiero decir.
Noté un olor extraño,un olor que reconocí poco después.
-Este café es asqueroso.- dije, con voz ronca.
Carlos, sentado a mi lado, se inclinó hacía mi con una sonrisa en los labios.
-Lo sé hermanita, ¿quieres un poco?-negué con la cabeza, aunque creo que con mi marcada mueca de asco ya la hubiera quedado claro.
-¿Cuanto hace que estoy aquí?- pregunté, incorporándome con cuidado, con la ayuda de Carlos.
-Dos días,una hora y...-miró su reloj-veinte minutos.
-¿Y cuando podré marcharme?- volví a preguntar.
Carlos seguía mirándome, pero sus ojos reflejaban que algo le preocupaba.
-Alicia, no quiero preguntas, quiero respuestas. ¿Qué pasó realmente?


Al final, conseguí que me dieran el alta dos días después. Contra mi voluntad, me llevaron a casa, y me hicieron cambiar de ropa. Mi hermano insistía en que debía descansar en mi cama, pero yo lo único que quería era volver al hospital.
Porque por extraño que pudiera parecer, durante los días que había estado en el hospital, no me habían dejado salir de la habitación. Y no es que no lo hubiese intentado, pero siempre que me levantaba, de puntillas para no hacer ruido, ahí estaba Carlos, con su café en mano, reteniendome en la habitación. Ese café podía oler a queso podrido, pero funcionaba mejor que ninguno.
Así que tras mucho insistir, y mucho negociar, esa noche acabé tumbada en la cama de mi habitación, observando las vacías paredes lilas.
No pegué ojo. Tampoco tenía muchas esperanzas puestas en ello. Por la mañana, cuando la luz del despertador marcó las siete, fui hacia el baño a ducharme, desperté a Carlos y desayunamos.
-Alicia, él aún no ha despertado, ya lo sabes, y tu aún no te has recuperado del todo, así que tal vez sería mejor que te quedases en casa...
-Ya me han dado el alta- respondí, cogiendo la chaqueta del armario de la entrada. -Y el médico manda.- añadí.
Yo sabía que él aún no había despertado, pero aun así, necesitaba verle, necesitaba saber que estaba ahí, aunque inconsciente, su corazón seguía latiendo.
Carlos pareció darse por vencido, porque al final accedió a llevarme al hospital, con su viejo Chevrolet.
-De verdad, no sé que le encuentras a este coche, es viejo, hace un ruido espantoso y gasta mucha gasolina, y tal como está el planeta no contribuye demasiado en la tarea de recursos naturales.- comenté mientras cruzábamos la calle que había frente al hospital. Carlos parecía nervioso, bueno, para ser sincera yo también lo estaba, por eso intentaba entablar conversación con él. Pero como su coche, él tampoco contribuía demasiado.
-Porque las cosas sean feas, o estén algo estropeadas no significa que no sean buenas, este coche me trae muy buenos recuerdos, es parte de mi vida, y eso es lo que me importa.
-Fantástico, así que tendré que aguantar ese ruido hasta que un día deje de funcionar.- Por mi cabeza empezaron a pasar diversas posibilidades de roturas de volantes y otros accidentes mecánicos.
-Ni se te pase por la cabeza. -me amenazó Carlos, adivinando mis pensamientos.
-Descuida, yo no mato ni a una mosca.- respondía, aunque me arrepentí al instante de haberlo dicho.
Carlos me miró con una mirada que conocía muy bien, y significaba "muy bien apuntado, hermanita".
La recepcionista del hospital me reconoció en seguida, y nos indicó la habitación 406.
Carlos dijo que iba a por un café, una escusa muy pobre, tratándose del café-queso-podrido. Yo me dirigí a la habitación, y sin la presencia de Carlos a mi lado los nervios fueron incrementando, hasta el punto de equivocarme de habitación. Cuando al final encontré la habitación correcta, no podía casi respirar. Me decía a mi misma que debía respirar hondo, pero eso me ponía aún más nerviosa.
Tal vez Carlos tenía razón y aún no estaba preparada.Tal vez, el verle inconsciente en esa cama solo empeoraba las cosas... Pero fuese como fuese, la necesidad de verle ganó al resto, y abrí la puerta.



To be continued...








03 marzo 2011

La Promenade, Claudio Monet


Una pintura me recuerda un cielo lleno de nubes, nubes con formas diversas, dragones alados, unicornios milenarios encerrados eternamente en una jaula inmensamente azul, serpientes que buscan una presa, caballos en busca de un caballero, elefantes con orejas gigantes... Un mundo irreal, imaginario, escrito en nuestras mentes, pero al fin y al cabo, un mundo. Nuestro mundo. Nosotros decidimos quien es el rey, y quien el esclavo. Quien protege, y quien es protegido.
De algún modo, cuando miro al cielo e imagino miles de criaturas fantásticas aguardando a que las descubra, pienso lo maravilloso que sería poder llegar a plasmar eso en un papel, para no olvidarlo nunca. Para no olvidar esa sensación de paz, de terror, de felicidad sinsentido, de incapacidad...

Una de las pinturas con las que más me identifico , simplemente al contemplarla, sin saber su verdadero significado, o el que el autor quiere darle, es La promenade, de Monet. Pintura impresionista francesa.


Puede que no resulte una pintura muy reveladora, pero para mi, y para mi estado de ánimo actual, es perfecta. Esa sensación de casi invisible transparencia, ese cielo en forma de torbellino, el claro-obscuro, el blanco del vestido de la dama...Todos estos rasgos hacen que esta pintura sea como mirarme a un espejo.

Nueva Sección: Arte y Música


Queridos virtual friends:
Ya acabados los exámenes (¡si!) y con una semana de vacaciones por delante, he podido rescatar un poco de tiempo para abrir una nueva sección en el blog. Bien, todos sabéis que soy una amante incondicional de la lectura y la escritura, y como os podéis imaginar, el arte y la música son temas que me apasionan también. Por eso, abro esta sección del blog dedicada a mis obras de arte y a mis canciones favoritas. Espero que os guste mucho y os deleitéis con la majestuosidad de las piezas que subiré.
¡Bueno, vamos a empezar!

Primeramente, aclarar que todas las obras, tanto de arte como de música, son elegidas por mi, según mi opinión, y en ningún momento diré que son las mejores obras hechas en el mundo, porque seguro que hay muchas otras que son aún mejores, simplemente estas lo son para mi, solo espero que en algunos casos compartáis mi opinión.
 Bien, en segundo lugar, todas las obras de arte tienen derecho de copyright de sus autores, yo solo las subo al blog para mostrarlas al mundo.

Y la tercera cosa, ¡Doy por inaugurada está sección!



27 febrero 2011

diario de sensaciones

No sé si conoces esa sensación de felicidad mezclada con incapacidad. Supongo que no. Eso complica las cosas a la hora de explicarme. Cuando tienes delante a una persona muy importante para ti, ves su rostro sonreír a las personas de vuestro alrededor, sientes que eres muy afortunado o afortunada, el pecho se te llena de gozo, sientes que va a explotar en cualquier momento.
Y de repente, te sientes ridícula y estúpido en medio de esa multitud de gente, sientes que la sociedad te come con patatas. Sientes que eres un bicho raro, que no deberías estar ahí, que tu no eres como los demás. Te sientes completamente distinto, y no puedes evitar que esas sensaciones que recorren tu interior salgan de tu cuerpo, y te vas corriendo de ese lugar, huyes de esa abrumadora sensación de presión con lágrimas en los ojos. Y tras un largo rato de sufrimiento interior, viene el sueño, que calma tu dolor, lo apacigua como plumas blancas y suaves que acarician tu piel.
Y al dia siguiente, solo recuerdas el momento de felicidad que sentiste al verle en persona, de tenerlo ante tus ojos, de saber que no fue una equivocación estar allí.




Por mucho que nos cueste aceptarlo, las despedidas son parte de nuestras vidas, son indispensables en nuestro camino. Son solo una estación en el largo trayecto a recorrer. Algunos bajan en ellas, otros siguen hasta el final. Pero como en un viaje de tren, no hay vuelta atrás.
Solo hay que pensar que tras una despedida vendrá un encuentro, tras un lamento, una alegría, tras la pena, felicidad. Y con eso nos podemos hacer dueños del mundo, de nuestras vidas, y del universo entero si lo queremos. Si lo queremos. Querer o no querer. Ésta simple palabra nos designa completamente. Ergo, podemos querer o no querer, y ser queridos o no. Es solo una palabra, pero describe nuestro ser.