13 marzo 2010

El fruto prohibido


Ella lo miraba, él la miraba,
Como dos ángeles caídos del cielo,
que bajaban a la tempestad de la vida.
Y el destino hizo que sus vidas se entrelazaran
De forma desigual e infortuna.
Con sus cónyuges en desacuerdo,
Surgió el fruto del amor
y con él nació la guerra
Cuya hizo que los dos amantes,
perduraran juntos y regresaran al reino de la eternidad,
de donde provenían,
pero esta vez, juntos.
Se conocen por casualidad,
Y ponto se enamorarán.
Se juran, para siempre jamás
Y entre suaves caricias y palabras de amor,
El deseo se hace dueño de sus cuerpos
Y juntos prueban el fruto de lo que es amar.
Pero el macho es dominante
Y pronto empiezan los problemas.
Primero el grito, después el puño,
Y para acabar,
El cuchillo clavado en el pecho,
Hace brollar la sangre del cuerpo
de la mujer con velo en los ojos.
Y así,
Una vez más,
El engaño se hace vigente
Entre el amor, el odio y el deseo placentero.
Voces infinitas resbalan por mi mente,
 suenan suaves y cariñosas.
 Mil palabras enlazadas con mil caricias,
dulce sabor a caramelo,
exhala de su boca.
Sueños de mil noches que se hacen realidad,
con la luna de testigo,
 nueva vida se abrirá.
En la negra oscuridad,
reclamo su cuerpo,
 y envuelta en el deseo,
se lo que es amar.

Y al irme por esa puerta, con el rostro lleno de lágrimas, pensé que nunca jamás volvería a verle.
Al día siguiente, recibí una llamada de la policía, anunciándome que el hospital donde estaba ingresado Andrew, había explotado en llamas.
Sin pensarlo un segundo, fui hacia allí pero ya era demasiado tarde. Luché con todas mis fuerzas para deshacerme de dos bomberos y un policía que me empujaban hacia atrás, apartándome de las llamas, y apartándome de mi amado. Sin fuerzas, me rendí. Entonces fue cuando vi como dos bomberos, cargaban un cuerpo en brazos, y se dirigían hacia la ambulancia. Era el cuerpo de Andrew. Estaba segura. Podía distinguirlo porque en su cuello, brillaba una pequeña piedrecita roja, nuestra piedra. Me acerqué, y vi su cara deformada por las quemaduras y negra por la ceniza y el humo pero aún así, era hermoso, era mi príncipe azul, que ahora galopaba en su caballo para conquistar otro reino. Y así fue como el traicionero destino, hizo que Andrew y yo, no pudiéramos vivir nuestro cuento de hadas o ahora mejor dicho, nuestro cuento de brujas.

Un romeo & julieta muy peculiar


Como han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Esa frase, describe toda mi historia.
Bueno, esa y amor. Aún puedo ver su rostro manchado de ceniza causada por el fuego.
Su última sonrisa, y sus últimas palabras son mis compañeras durante las noches de insomnio.
El 4 de julio de 2009 empezó todo. No fue un encuentro demasiado extravagante. Todo al contrario. Fue muy normal. Yo me caí, el me ayudó a levantarme y al vernos los rostros…todo sucedió sin necesidad de explicación. Algo especial surgió entre nosotros, algo llamado amor.
Mi cuento de hadas se abría paso entre nosotros y el príncipe encontró a su princesa.
Recuerdo exactamente nuestro primer beso, en el banco de aquel parque a la luz de la luna.
Pero poco después las cosas se fueron torciendo y como en cualquier cuento de hadas, hay un malvado. En este caso, el mal no tenía corporeidad. Mi amado, Andrew, enfermó.
Un día, cuando lo internaron en el hospital, me llamó, porque quería hablar con migo.
Al estar solos en aquella estancia, sin más que dos sillas, una camilla y un montón de cables de diferentes colore, me dijo:
-Mary, quiero pedirte algo, y no puedes negarte. Es la petición mas importante que te aré jamás.
-Aré lo que tú me pidas mi amor.
- Bien, mira sabes que yo te quiero, te que querido y siempre te querré pero si no salgo de esta…
-Calla, no digas eso, te vas a poner bien muy pronto Andrew.- le corté. No podía creer lo que me estaba diciendo, aunque fuera muy egoísta por mi parte, él no podía dejar de existir.
-Mary escúchame por favor. Mira, ya no puedo estar más con tigo. Te amo, cierto, por eso tenemos que cortar esto cuanto antes. Lo siento con toda mi alma. No sé donde esta el alma, pero te juro que me duele, me duele mucho. El destino no ha querido que estemos juntos y no se puede luchar contra eso.
-No lo puedo creer, ¿te estas dando por vencido? Mi amor, no puedes dejarme, no puedes, te necesito ami lado, estas en mi vida, en mi día a día, en mis noches, en primavera, verano, otoño e invierno, en cada minuto, segundo, instante. Yo…tu no puedes dejarme, por favor no.
-Mary, vete.
-Andrew no.
-¡Mary, vete!

El camino del amor a la muerte



En la negra oscuridad, sin ver mas que el reflejo de la luna en sus ojos azules, mi mente se deshacía envuelta en una melodía de deseo irrefrenable e inestimable que ni en mis mas hondos sueños, había dado a concebir la posibilitad de aquel deseo placentero y oculto.
Entre caricias y suspiros, mis labios se impregnaban de su aliento y tiernamente, me besaba. Y así, la noche se hizo eterna, y a la vez infatigable. Juntos sellamos nuestras almas con llave de sangre, y nunca más podrían volverse a abrir.
Algo inesperado i fortuito, hizo que esa noche fuera más que lo que aguardábamos. Esa noche, surgió más que el fruto del amor, surgió una vida nueva, que se abrió paso entre nosotros.
La espera se hizo eterna. Sufrimiento, alegría, pena, dolor, agonía… Y nueve meses más tarde, concluyó.
Todo acabó. Nada continuó. Los días pasaron lentamente, las horas, los minutos, los segundos… y en mi mente, solo se oían las palabras que pronunció aquella mujer: ‘’Su hijo…no ha llegado a sobrevivir’’.
Entre lágrimas, jadeos y llantos, mi alma se descompone como un puzzle sin acabar. Como una herida sin restañar. Y con la falta de razón y la falta de parte de mi ser, mis ojos se cierran lentamente, dejando que el veneno circule por mi garganta, asta llegar al centro de mi cuerpo, y extenderse por todas mis venas. Y así haga su labor.
Con un último suspiro, me despido de la vida, para destinarme al reino de la eternidad, donde reencontrarme con la última pieza de mi insólito puzzle.

El camino del amor a la muerte.

Lágrimas de amanecer




‘’El engendro de la maldad, viene dado por el deseo del corazón.
Unos mueren vivos, y otros viven muertos. ‘’
Mi nombre es Catherine. Antes Catherine Austen, ahora, solo Catherine .Ésta es mi historia.
Soy la sirvienta de Ceol, rey de Inglaterra en el año 590. Mis padres, nobles señores, murieron hace seis años y yo al cuidado de mi hermano mayor me quedé huérfana.
La mala suerte hizo que mi hermano falleciera en una batalla defendiendo a mi señor.

-Catherine, deja de escribir palabruchas con tus sucias manos y tráele al señor su cena, y después prepárale el baño. ¡Corre!
-Si, mi señora, como usted diga.
Guardé el pergamino en mi delantal, salí corriendo hacia la cocina y fui a servir a mi señor.
-Las tropas enemigas se acercan Edmundo, tenemos que luchar, y ganar. Prepara los soldados.
-Si mi señor.- dijo Edmundo.
Le dejé la comida sobre la mesa e hice ademán de irme pero el rey me agarró del brazo con tal fuerza que dejó marca de sus uñas en mi esquelético brazo.
-Tú, ¿como te llamas? –Tartamudeando, respondí.
-Catherine, mi señor.
-Ah, si la hermana de Cedric Austen, un valiente caballero, sin embargo demasiado compasivo, se dejó vencer para salvar a gente inferior a él. Que maldición de conciencia que tenía ese joven.
Me chirriaron los dientes al oír esas palabras.
-Escucha, mi esposa se ha ido de viaje, tú me complacerás esta noche.
-Se-señor, y-yo no puedo, de-debo prepararle e-el bañ-ño.- temblaba de miedo, pues aún era virgen y no pretendía perder la virginidad con alguien a quien no amaba.
-¿Osas discutir la voluntad de tu rey?
-No señor, es solo que traicionará a su esposa, y yo no puedo complacerle, pues estos labios aún no han besado, este cuerpo aún no ha tocado, y este corazón mío, aun no ha amado.
-Mañana tengo una lucha contra España y necesito estar fuerte para la batalla, esta noche vas a sellar la abstinencia que has llevado hasta ahora. Falissa, prepara mis aposentos. – Falissa, la otra sirviente, asintió con una pequeña reverencia y se fue.
-Tú, ve a cambiarte de ropa y a lavarte.- Me ordenó mi señor.
-No puedo señor. No lo voy a hacer, prefiero morir antes que besaros. No puedo besar a alguien que mira el deseo y no ve amor.
-Bien, tu lo has querido esclava. Si prefieres morir a complacerme, así será, yo te complaceré, vas a morir. ¡Decreto tu sentencia a muerte, bruja! Morirás al amanecer. ¡Llevadla al calabozo!
Dos soldados me cojieron de los brazos y me llevaron asta las mazmorras del castillo.
No puse resistencia, pues no quería someterme bajo el rey. Pasé la noche en las mazmorras, sin poder dormir, con miedo al mañana, pero sin arrepentirme sobre mi decisión. Me dolían los brazos, los tenia marcados por las armaduras de los caballeros que me habían llevado asta allí. Entonces me acordé del pergamino y escribí:
El rey dicta las órdenes, y sus súbditos las cumplen. El rey es uno, sus súbditos millones. ¿Que temen los súbditos del rey? La muerte. Oh rapaz muerte que nos quitas la vida y nos das la libertad, yo no te temo, ni a ti ni al rey. Los dos sois iguales, el rey nos da la vida y nos quita la libertad. Tu muerte, nos quitas la vida y nos das la libertad. Así que no voy a un mundo peor, sino a un mundo paralelo a este.

Dejé el papel en el suelo y esperé a que me vinieran a buscar.
Amanece. El sol tiñe de rojo la negra noche. Las estrellas desaparecen, y la luna deja paso a su señor el sol. ¿No es eso un aviso? No luna, que alumbras tus noches con el blanco de la paz. No voy a caer. El sol será vencido algún día, como el hombre que me condenó caerá de su regando y la libertad será la reina de la Tierra.
Dos lágrimas caen por mi rostro, como dos vidrios cristalinos que cortan en pedacitos mi corazón. Bajan asta mi cuello y se desvanecen poco a poco. No lloro por miedo ni por rabia, lloro por pena, por la pena de no haber podido probar lo que es amar. Por no haber olido la flor del amor.
-Tú, levántate y vén.- un soldado se dirige a mí con una sonrisa en el rostro. ¿Cómo es posible? Hombres felices de ver morir. ¿Que maldición, se ha apoderado de estos hombres?
Me llevan hacia la hoguera pero se detienen justo antes de llegar. La mañana es fría pero el sol brilla acompañando a las nubes que giran a su alrededor. La plaza está llena de gente, unos confusos, otros tristes y veo a un niño llorando lágrimas de cristal. Sus lágrimas son como un espejo, en el que me veo sonreír. Las llamas arden deseosas de quemar.
Se acerca el rey.
- Como tú querías bruja, mueres como tu hermano. No quisiste obedecerme, y pagarás por ello. Vete con tu virgen cuerpo a la hoguera y que el fuego haga de ti ceniza.
-Tú no sabes lo que es amar. Tu solo sabes ordenar. Yo moriré libre, libre de no haber besado sin querer. Libre de no haber traicionado a nadie, libre de mantener mis derechos, libre de amar.
Sin que se dé cuenta, cojo el puñal del rey Ceol de Inglaterra.
Me suben a la hoguera, me atan las manos y los pies con cuerdas de acero y el calor recorre todo mi cuerpo.
-Fuego, súbdito del sol, no vas a matarme, voy a morir libre.
Y me clavo el puñal en el corazón.

Catherine muere en la hoguera, muerta por no satisfacer los deseos placenteros de alguien que no la ama. Catherine nunca tiene la oportunidad de amar, de besar a alguien que la ame. De dejar atrás su virginidad por alguien que la quiera y entregarle la alma a alguien que la merezca i no a la muerte. Dejando su huella en aquel pergamino, de aquella mazmorra, de aquel castillo, como prueba de que existió.
Ceol, rey de Inglaterra en la alta Edad Media, murió cuatro años mas tarde.
Se puede pensar que Catherine fue osada y tonta al morir por no poder ser libre. No sé, ¿dónde empieza la libertad para cada uno?